El territorio del Este está dedicado a estos grandes seres, los más grandes de todo Aerandir, que obserban todo des de la cumbre de las montañas nevadas, haciéndose los reyes de este extenso lugar. El territorio de los dragones siempre, siempre está nevado, sea invierno, verano o primavera. De ahí a que el Tymer nazca en la montaña más alta de las tres, el pico más alto, el pico centro.

Este pequeño y a la vez gran territorio cuenta de una pequeña cueva en la segunda de las montañas gemelas, a la izquierda de la montaña más alta. Detrás de estas tres montañas se asoma el sol todos los días, dejando, cuando se va, una estela de color anaranjado.

Historia de los Dragones
30 de Junio de 2.130

.El viaje… unas horas más y estaba de viaje. No había tiempo que perder, al menos para mí. Sabía que las cosas que había encontrado no cambiarían mucho las cosas de llegar a estar en peligro allí, peor al menos sabría ue me mató.
Yacía yo sentada encima del escritorio, mientras miraba el reloj anticuado colgado en la pared. La vela a mi lado estaba consumiéndose casi por completo, y yo tenía un nudo en el estómago.
—Ah, joder—me dije, mientras me bajaba del escritorio. Rebusqué en uno de los cajones del mismo, y saqué una vela nueva—. Tengo que hacer algo productivo con mi vida.
Puse la vela en la palmatoria, procurando pegarla bien a la vela anterior. La prendí, haciendo que ésta iluminara tenuemente la estancia. Me mordí el labio.
Me dirigí hacia una estantería repleta de libros que aún no empacaba. Miré los lomos de cada uno de los volúmenes, pensando cuál podía sacar, y que sería lo que me revelaría cada uno de esos textos, encuadernados en cuero.
Me encogí de hombros, y me estiré, para alcanzar un volumen delgado, con encuadernado de piel negra. Había un dragón precariamente dibujado en la portada, así que ya me imaginaba que era lo que iba a encontrar. Me había acostumbrado tanto a lo extraño que podía ser leer los libros de mi abuelo, que ya ni me inmutaba cuando leía.
Dejé el delgado libro sobre la mesa, mientras corría la pesada silla con cojín. Me detuve, y miré la taza de café vacía que había tomado hacía unos momentos.
Me serví más café, en un intento de conservar cafeína en mi cuerpo. Dejé la taza en la mesa —no me importó la mancha que el calor dejó en la madera— y me senté con lentitud.
Me estiré, para tomar la pluma y acercar el tintero. Saqué un par de pergaminos de debajo del pisa papeles —un trozo de madera caoba— y los dejé delante de mí, al alcance de mi mano. Abrí el pequeño librito con dedos temblorosos, y aspiré aire. El polvo me hizo cosquillas en la nariz.
La primera página tenía una fotografía en blanco y negro, de un enorme cubo de hielo, de al menos quince metros de largo, y diez de alto al menos. Dentro, había una silueta, parecida a una lagartija con alas… pero magnificada al menos quinientas mil veces.
El enorme cubo estaba rodeado de una docena de personas, con capas de viaje de color oscuro, y que miraban sorprendidos el enorme hallazgo.
El pie de foto rezaba:
Dragón encontrado en el Polo Norte, después de dos días y medio de búsqueda.

—Hala—musité.
Pasé la página con dedos temblorosos. En la siguiente hoja, había un párrafo escrito a mano, y distintos recortes de partes diseccionadas del enorme y monstruoso animal. Desvié la vista hacia el párrafo, y leí:
Los Dragones han sido encontrados en el Polo Norte, después de dos días y medio de búsqueda entre el hielo.
Son criaturas realmente enormes, cuyos ojos amarillos tienen la apariencia de los de una serpiente. Tienen escamas muy fuertes y resistentes, tanto que tuvimos que usar una sierra para poder despejar su piel y estudiar la coraza que los cubre.
Su piel es bastante gruesa —al menos cinco centímetros de grosor— y resistente a casi todo. Para poder cortarla y sacar algo de su ADN, tuvimos que recurrir a alguna sierra, a elementos de trabajo, por que su piel es tan dura como el acero, y tan flexible como el nylon.
La cabeza tiene una forma aguzada, igual que todo su cuerpo, presumimos, para ser aerodinámicos. Las alas son de un cuero delgado y bastante resistente, de al manos diez metros de envergadura —cada una— con articulaciones en casi toda su extensión, parecidas a las alas de los pterodáctilos.
Poseen dientes de al menos diez centímetros de largo, y una lengua bípeda, que según creemos, está recubierta por una sustancia especial que la hace soportar altas temperaturas.
Encontramos en su cuello, unas glándulas con un fuerte olor a combustible. Presumimos que la lengua tenía aquella sustancia, para ser resistente al fuego que lanzaban.
Tienen una cola increíblemente resistente y musculosa.
Sus patas tienen garras curvadas y resistentes como el acero, letales para quien sea el desafortunado que las recibiese.
Sus huesos son resistentes, duros y muy difíciles de romper
—Já, en otras palabras, son indestructibles—dije, después de chasquear la lengua con desaprobación.
Pasé a la página siguiente, mientras fruncía el ceño.

Características.

Después de encontrar a aquel ejemplar en el Polo Norte, se decidió comenzar a experimentar con humanos, para ver si se podían crear criaturas con los poderes y resistencia de éstos, pero con forma humana.
Después de un complicado proceso de fusión genética, se obtuvieron los primeros ejemplares.
Eran violentos, salvajes, hasta el punto de tener que ser ejecutados. Algunos escaparon, pero murieron rápidamente.
Luego de un largo proceso de ensayo y error, se tuvieron por fin los primero ejemplares humanos. Tenían la capacidad de convertirse en dragones y viceversa, pasar de humanos a reptiles voladores. Se guiaban al principio, por las emociones. Hacerlos enfurecerse era sinónimo de que tendrías una enorme lagartija traga fuego gruñéndote.
Los encerramos, y seguimos con los experimentos.
Los siguientes fueron casi perfectos. Podían transformarse a voluntad, sin depender de sus emociones, pero no podían volar más de unos kilómetros.
Poco a poco, fueron muriendo los anteriores. Usamos su ADN para saber que era lo que había ido mal.
Luego de los estudios, salieron los mejores ejemplares. Volaban, escupían fuego, tenían la piel resistente.